miércoles, 11 de noviembre de 2009

Fondo de ojo*

Se miró. Se acercó a su retrato hasta verse reflejado en su propia pupila. Se sentía tan diminuto como aquella figura inmersa en el agujero negro.
Comenzó a observar los detalles y descubrió el eco de su rostro, la multiplicación al infinito de su yo, sentía hundirse en su mirada.

Horacio acababa de regresar del Hospital España, había estado internado durante dos semanas. Las cicatrices coloreadas con sangre plastificada se mostraban como sellos del semblante. El morado se posaba en varios rincones del delgado cuerpo, contrastando con el pálido color de la piel.

Desnudo ante sí mismo, petrificado, deseó por primera vez en su vida, no pensar. Lamentablemente, la estructurada realidad no le permitía volver en el tiempo, excepto con el pensamiento.

De repente, sin desearlo, su percepción se trasladó al pasado y se multiplicó con velocidad inusitada. Sintió la caricia de su madre, el abrazo de su padre. Se acordó de su infancia, de sus amigos. Reconstruyó la imagen de su primera novia y sintió nuevamente el primer beso. Resucitó los nervios del sexo primitivo. Revivió cumpleaños y navidades. Recibió el beso de sus abuelos. Abrigó un tornado de representaciones en su cabeza y el pecho se le fue a lo profundo del mar. A flote quedó solo el peor de los recuerdos. Viva, solo la peor pesadilla.

El tiempo se quedó sin parámetros, el ir y venir del sol apenas se animó a entrar en el lúgubre departamento de Horacio. Nunca se supo si fueron horas, días o meses de aquel torbellino cerebral.

Se quedó a oscuras tras dejar caer sus párpados, acercó el mentón al pecho y movió lentamente la cabeza de lado a lado. Luego enderezó su cuello y volvió a enterrarse en sus pupilas. Cavilaba en futuros posibles y no se imaginaba en ninguno de ellos. Hacia adelante no encontraba nada, solo sus ojos acusadores.

Después de estar por un largo rato inmóvil, decidió dejar de examinarse. Deslizó un vistazo al vértice inferior izquierdo del maltrecho espejo, ahí estaba ella, en otro espacio. Posaba su figura y congelaba su sonrisa en un papel de colores desgastados. Horacio la tomó en sus manos como hace quince días.

Instalado mentalmente en el pasado, alimentando la culpa, recordó que trescientos sesenta horas antes despertó junto a ella, en su auto, como la primera vez que hicieron el amor. Pero aquella última vez que estuvieron juntos, solo amaneció él, en medio de una maraña de chapas amorfas. Ella, quieta como en la foto, descansando para siempre.

Finalmente, alzó su brazo derecho muy lentamente. Vacilante levantó el peso que cargaba su mano. Segundos después sintió una circunferencia helada presionando su sien. Se observó hasta el final… en su pozo negro.


*Examen de fondo de ojo: es una prueba realizada para observar y examinar las características de las estructuras situadas en la parte posterior del globo ocular…”

martes, 3 de noviembre de 2009

"Marimba"

Hoy me levanté mas tarde de lo habitual, cerca de las 7.30hs. Por un momento pensé en eludir el mate, pero la sana costumbre pudo más que el calor y la humedad.

Entre mate y mate leí unas líneas del cuento "Los músicos" incluido en "Crónicas de Marte" de Ray Bradbury y me detuve en una de las palabras que se encontraba en las últimas líneas de la prosa, "marimba". Ni bien desprendí la vista del punto final fui en busca del diccionario... ma.. mar... mari... marimba! (la palabra me sonaba... alguna vez escuché a mi madre diciendo "te voy a dar una marimba a palos", risa mediante y en tono jocoso, luego de alguna travesura que había hecho).

"Marimba: Instrumento musical en que se percuten listones de madera, como en el xilofón." En ese momento me introduje en el mundo imaginario de mis percepciones, me figuré el sonido del xilofón, o quizá era el ruido de un "llamador de ángeles" bamboleado por el viento, o el de un arpa cuyas cuerdas eran rasgadas por finos dedos; pretendía descubrir una sensación jamás percibida y me perdía en ese viaje sin darme cuenta.

Algún estímulo del ambiente me despertó por segunda vez en la mañana. Las 8.50hs.! Llego tarde al trabajo! En un segundo me recriminé como especie la invención del tiempo. Las distancias jugaban a mi favor, la oficina se encuentra a cinco cuadras de casa. A paso apurado por las calles del centro porteño, el cálido sonido de mi creación dió paso al ruido alborotado de motores y bocinas. No hay lugar para la creatividad cuando la realidad es abrumadora.

Nace un espacio de expresión

"Para que te la cuento" nace con la idea de expresar verdades o imaginación (o por qué no ambas) en forma de relatos breves (y no tanto). Para adornar anécdotas, para recordar momentos, para sacarle lustre a la fantasía, en fin... para que la realidad y la irrealidad se transformen en cuento.